El índice de estrés hídrico es un indicador que cuantifica la presión que ejerce la demanda humana de agua sobre los recursos hídricos renovables disponibles en un territorio. Se expresa como un porcentaje que relaciona el volumen de agua extraída con el volumen de agua dulce renovable disponible, y está directamente ligado al concepto de estrés hídrico y de riesgo hídrico.
Existen varios sistemas de referencia, y conviene no confundir sus umbrales:
En su forma más simple, el índice se calcula así:
Índice de estrés hídrico (%) = (Extracción total anual de agua / Recursos hídricos renovables anuales) × 100
El indicador 6.4.2 de los ODS añade un matiz importante: resta del denominador las necesidades de caudal ambiental, para reflejar el agua que debe permanecer en el ecosistema. El cálculo puede hacerse a escala nacional, regional, de cuenca o de subcuenca, y suele actualizarse en los informes de seguridad hídrica.
Un índice elevado indica que un territorio extrae agua a un ritmo difícilmente sostenible, sin margen para la recarga natural de acuíferos, el mantenimiento del caudal ecológico de los ríos ni la cobertura de necesidades futuras. Implica una elevada exposición a la escasez en caso de sequía o de aumento de la demanda, y afecta a la producción de alimentos, la salud pública, la industria, la biodiversidad y la estabilidad social.
Aunque el índice es una relación técnica, su aumento responde a causas estructurales:
El índice de estrés hídrico es un indicador clave en la planificación hidrológica, la asignación de concesiones y la inversión en infraestructuras. Permite a las administraciones:
Para una empresa, operar en regiones con un índice de estrés hídrico elevado supone un riesgo material. Conviene evaluar la exposición (por ejemplo con el Aqueduct Water Risk Atlas del WRI), medir la huella hídrica y tomar decisiones que reduzcan la vulnerabilidad.
Marcos como CDP Water Security, los estándares GRI (en particular GRI 303 sobre agua y efluentes), las normas del ISSB (IFRS S2) o las recomendaciones de la TNFD piden divulgar la ubicación de las operaciones en relación con el estrés hídrico local. No hacerlo puede erosionar la confianza de inversores, clientes y reguladores.
El índice de estrés hídrico es una señal de alerta sobre la sostenibilidad de los modelos de producción y consumo. Monitorizarlo y actuar en consecuencia es imprescindible para garantizar la seguridad hídrica, climática y social en las próximas décadas.
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