La huella de plástico es un indicador que cuantifica la cantidad total de plástico asociada a una organización, un producto, un evento o una persona, y los impactos que ese plástico genera a lo largo de su ciclo de vida. A diferencia de un simple recuento de toneladas, una huella de plástico bien planteada considera no solo el plástico que se introduce en el sistema, sino también el que llega al final de su vida útil y, sobre todo, la fracción que puede acabar filtrándose al medio ambiente.
Es una métrica emergente. Todavía no existe una norma ISO única y consolidada como la que rige la huella de carbono, pero la comunidad técnica avanza hacia métodos comunes. En 2022 se constituyó la Plastic Footprint Network, una iniciativa impulsada por la organización EA Earth Action que reúne a decenas de entidades, entre ellas WWF, para armonizar las metodologías de cálculo. Su trabajo busca que las empresas midan el plástico de forma comparable y verificable, evitando el greenwashing.
Una evaluación completa suele tener en cuenta cuatro elementos. La idea es separar el plástico que se usa del plástico que realmente genera daño ambiental.
Esta lógica conecta la huella de plástico con la huella ecológica y con la contaminación por plásticos, un problema que se manifiesta de forma especialmente grave en los residuos marinos.
Aunque medir la huella de plástico es voluntario, el marco regulatorio que la rodea no lo es. En la Unión Europea, el Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases (PPWR), en vigor desde febrero de 2025 y aplicable con carácter general desde el 12 de agosto de 2026, sustituye a la antigua Directiva de envases y endurece los requisitos: fija objetivos de reciclado (un mínimo del 70 % en peso de los residuos de envases en 2030), introduce obligaciones de reutilización y limita el sobreenvasado.
A esto se suma la responsabilidad ampliada del productor (RAP), que traslada a quien pone el envase en el mercado el coste de su recogida y tratamiento. Medir la huella de plástico ayuda a las empresas a anticiparse a estas obligaciones y a priorizar dónde actuar.
La reducción se apoya en la jerarquía de la economía circular: evitar el plástico innecesario antes que reciclarlo. Las palancas principales son:
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