El Baseline Water Stress (BWS), o estrés hídrico de referencia, es uno de los indicadores principales del atlas Aqueduct Water Risk Atlas del World Resources Institute (WRI). Mide la relación entre la extracción total anual de agua (demanda de usos domésticos, industriales, de regadío y ganaderos) y la oferta renovable de agua azul disponible en una cuenca o subcuenca. Cuanto mayor es esa relación, más compiten los usuarios por un recurso limitado y más vulnerable es el territorio ante la escasez.
El BWS se expresa como un cociente o porcentaje:
BWS = extracción total anual de agua / oferta renovable de agua azul disponible
En la metodología de Aqueduct, la oferta de agua azul es el agua dulce renovable que llega a una subcuenca (escorrentía superficial, flujo subsuperficial y recarga de aguas subterráneas) una vez descontado el consumo de los usuarios situados aguas arriba. Por eso es un indicador de competencia por el recurso, no una medida directa de sequía meteorológica.
El WRI clasifica el BWS en cinco niveles según el porcentaje de la oferta que se extrae:
Un territorio con estrés hídrico alto extrae entre el 40 % y el 80 % del agua disponible cada año, mientras que el nivel extremadamente alto implica utilizar más del 80 %, dejando muy poco margen frente a sequías o aumentos de demanda.
La versión vigente del atlas, Aqueduct 4.0, se publicó en agosto de 2023. Actualizó los datos de entrada del modelo hidrológico y añadió proyecciones futuras para 2030, 2050 y 2080 basadas en escenarios climáticos. Aqueduct 4.0 ofrece una batería de indicadores de riesgo hídrico de referencia que cubren cantidad, calidad y aspectos reputacionales, entre ellos el BWS. Conviene citar siempre la versión y el año de los datos al reportar resultados.
El BWS es una primera señal de alerta para identificar cuencas en riesgo. Se utiliza para:
El BWS describe la presión media de largo plazo sobre el recurso, por lo que no captura por sí solo episodios puntuales de sequía ni la variabilidad estacional; para eso Aqueduct ofrece indicadores complementarios como la variabilidad interanual o el estrés hídrico mensual. Tampoco refleja la calidad del agua ni la calidad de la gobernanza, así que conviene combinarlo con otros indicadores de riesgo hídrico y con análisis locales. El BWS es un buen punto de partida, pero no sustituye a una evaluación detallada de la huella hídrica y del contexto de cada cuenca.
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