El índice de reparabilidad es una métrica estandarizada, expresada en una escala de 0 a 10, que mide la facilidad con la que un producto puede repararse a lo largo de su vida útil. Su objetivo es informar al consumidor, estimular el ecodiseño y reducir los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE).
Fue creado en Francia y es obligatorio desde el 1 de enero de 2021 para categorías como teléfonos inteligentes, ordenadores portátiles, televisores, cortacéspeds y lavadoras de carga frontal, ampliándose en noviembre de 2022 a lavavajillas, aspiradoras y otros electrodomésticos. Una puntuación igual o superior a 8 indica un producto fácilmente reparable; por debajo de 4, se considera difícil de reparar.
La metodología francesa puntua cada producto a partir de cinco grandes criterios, con subcriterios específicos por categoría. La puntuación total se divide entre diez para obtener el índice final:
Desde 2024, Francia está sustituyendo el índice de reparabilidad por un nuevo índice de durabilidad, que añade criterios de fiabilidad, robustez y evolutividad del producto. La transición se aplica por categorías (los televisores desde enero de 2025 y las lavadoras desde abril de 2025), de modo que ambos índices conviven durante un tiempo. En febrero de 2025, Francia retiró el índice de durabilidad para teléfonos y tabletas tras un dictamen desfavorable de la Comisión Europea, que prefiere armonizar estos requisitos a escala de la UE.
A junio de 2026, el etiquetado de reparabilidad se está integrando en la normativa de la UE:
Alargar la vida útil de los productos es una de las palancas más eficaces de la economía circular. Un índice de reparabilidad alto:
Un ejemplo conocido de diseño orientado a la reparabilidad son los ordenadores portátiles modulares de la marca Framework, concebidos para que el usuario sustituya componentes con facilidad.
El índice de reparabilidad es un indicador clave del diseño circular: traslada la reparabilidad desde un atributo invisible a una métrica comparable que orienta tanto al consumidor como al fabricante. Integrarlo desde la fase de diseño reduce el impacto ambiental del producto a lo largo de todo su ciclo de vida.
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