La reducción de carbono basada en la naturaleza engloba el conjunto de acciones que utilizan ecosistemas naturales o gestionados de forma sostenible para retirar CO₂ de la atmósfera o evitar su emisión, al tiempo que generan co-beneficios para la biodiversidad y las comunidades. Es la aplicación al clima de las soluciones basadas en la naturaleza (NbS) e incluye la conservación, la restauración y la gestión mejorada de bosques, humedales, suelos agrícolas, pastos y océanos.
Sirven para complementar (nunca sustituir) la reducción directa de emisiones en las estrategias de descarbonización y de neutralidad climática. Aplican a gobiernos, empresas y gestores del territorio que buscan capturar carbono, proteger sumideros de carbono y reforzar la resiliencia climática. Muchas empresas las usan para generar créditos de carbono con los que compensar emisiones residuales.
El estudio de referencia de Griscom y otros autores (2017), publicado en la revista PNAS, estimó que las soluciones climáticas naturales podrían aportar alrededor de 11 Gt de CO₂ equivalente al año de forma coste-efectiva hacia 2030, cerca de un tercio de la mitigación necesaria para mantener el calentamiento por debajo de 2 °C. No obstante, su despliegue está limitado por la seguridad alimentaria, la disponibilidad de tierra y la necesidad de preservar la biodiversidad, por lo que no puede sustituir a la reducción de emisiones fósiles.
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