La custodia del agua, conocida internacionalmente como water stewardship, es el uso del agua de forma socialmente equitativa, ambientalmente sostenible y económicamente beneficiosa, logrado mediante un proceso participativo que involucra a los actores de un territorio y se gestiona a escala de cuenca hidrográfica. La idea de fondo es que ninguna empresa puede gestionar bien el agua de forma aislada: el agua es un recurso compartido y los riesgos e impactos se producen a nivel de cuenca, no de fábrica.
Este concepto va más allá de la simple eficiencia hídrica. Reducir el consumo dentro de las instalaciones es necesario, pero no suficiente: la custodia del agua exige también entender la cuenca, colaborar con otros usuarios, proteger los ecosistemas acuáticos y contribuir a la gobernanza hídrica del territorio.
El marco de referencia es el Estándar Internacional de Custodia del Agua de la Alliance for Water Stewardship (AWS), una alianza global que define los principios y requisitos que debe cumplir una organización para acreditar una gestión responsable del agua en un emplazamiento. En marzo de 2026, AWS lanzó la versión 3.0 del estándar, que simplifica los requisitos para facilitar su implantación a escala y refuerza su integración con los marcos de reporte de sostenibilidad corporativa.
El estándar organiza la actuación en torno a cinco resultados: buena gobernanza del agua, equilibrio hídrico sostenible, buen estado de la calidad del agua, ecosistemas de agua dulce y biodiversidad saludables, y acceso seguro a agua, saneamiento e higiene. La implantación sigue un ciclo de cinco pasos: recopilar y entender, comprometerse y planificar, implementar, evaluar, y comunicar y divulgar. La certificación se realiza por emplazamiento y a partir de un análisis de la cuenca.
La huella hídrica mide cuánta agua se usa y dónde; la custodia del agua es la respuesta de gestión a esa medición. Una empresa primero cuantifica su huella y su riesgo hídrico, y después aplica la custodia para reducir ese riesgo de forma colaborativa. Ambos conceptos se complementan: sin datos no hay custodia creíble, y sin custodia los datos no se traducen en acción.
La custodia del agua está cada vez más conectada con la divulgación corporativa. Iniciativas como el CDP Water Disclosure piden a las empresas información sobre cómo gestionan el agua en zonas de estrés, y muchas adoptan compromisos como la neutralidad hídrica o la reposición de agua a la cuenca. Demostrar custodia del agua refuerza la seguridad hídrica de la actividad y la credibilidad ante inversores y reguladores.
Implantar la custodia del agua suele seguir estos pasos: conocer la cuenca y los riesgos compartidos, medir la huella hídrica del emplazamiento, fijar objetivos coherentes con el contexto local, colaborar con otros usuarios y administraciones, y comunicar los resultados de forma transparente.
Adoptar la custodia del agua aporta beneficios claros a la empresa: reduce los riesgos operativos y reputacionales ligados a la disponibilidad de agua, refuerza la licencia social para operar en territorios con tensión hídrica y facilita el acceso a mercados y financiación que exigen credenciales ambientales sólidas. En sectores como el agroalimentario, las bebidas, el textil o la energía, donde el agua es un insumo crítico, una buena custodia puede marcar la diferencia entre una operación resiliente y una expuesta a interrupciones.
La custodia del agua empieza por conocer tu impacto hídrico real. Con el módulo de huella hídrica de Manglai puedes medir tu consumo por emplazamiento y priorizar dónde actuar dentro de tu cadena de valor.
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