La eficiencia energética es la capacidad de obtener los mismos bienes y servicios utilizando menos energía. En la práctica, significa usar la energía de forma más inteligente: mantener (o mejorar) la producción, el confort o la iluminación reduciendo el consumo, lo que se traduce en menores costes y en una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Como buena parte de la energía que consumimos sigue generándose con combustibles fósiles, reducir la demanda es una de las palancas más rápidas y rentables para avanzar en la descarbonización y en la mitigación del cambio climático. De hecho, la Unión Europea ha consagrado el principio de "primero, la eficiencia energética" (energy efficiency first) como criterio rector de sus políticas energéticas.
La eficiencia energética sirve para reducir la factura energética, disminuir las emisiones, mejorar la competitividad de las empresas y reforzar la seguridad de suministro al depender menos de las importaciones de combustibles. Aplica a todos los ámbitos: hogares, industria, transporte, edificación y sector público.
El marco europeo de referencia es la Directiva (UE) 2023/1791 de eficiencia energética, que refundió y sustituyó a la anterior Directiva 2012/27/UE. Esta directiva fija un objetivo vinculante de reducir el consumo de energía final de la UE en torno a un 11,7% en 2030 respecto a las previsiones de referencia de 2020, y establece obligaciones de ahorro anual crecientes para los Estados miembros. Su plazo de transposición concluyó en octubre de 2025, con varios artículos aplicables desde esa fecha.
En España, la eficiencia energética se articula a través del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que recoge los objetivos nacionales de ahorro y eficiencia hasta 2030.
La eficiencia energética suele expresarse como la relación entre la energía útil obtenida y la energía consumida, o mediante indicadores de intensidad energética (energía consumida por unidad de producto, de superficie o de facturación). Para una empresa, el primer paso es elaborar un inventario de consumos y establecer una línea base; a partir de ahí pueden fijarse objetivos de mejora y vincularlos a la reducción de emisiones y a la huella de carbono.
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La descarbonización es el proceso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la economía, alejándose de los combustibles fósiles hacia un modelo bajo en carbono.
Emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los préstamos e inversiones de una entidad financiera, encuadradas en el Alcance 3 y medidas con el estándar PCAF.
Las emisiones de Alcance 4 o evitadas miden las reducciones de GEI que generan tus productos en terceros. Se reportan por separado y nunca se restan de los Alcances 1, 2 y 3.
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